La Enoteca

Historia de Bodega Las Virtudes

Bodega Las Virtudes se constituyó en el año 1961 con 129 socios, como respuesta a la necesidad de aunar esfuerzos por parte de pequeñas bodegas y productores locales. Villena es tierra de vinos desde hace cientos de años y por tanto de bodegas. Muchas de las cuales se fusionaron en Bodega Las Virtudes, que recogía así la tradición y el buen hacer de esta tierra de vinos. En el año 1967 se llevó a cabo la primera elaboración de un millón y medio de kilogramos de uva.

En 1972 se realiza un importante ampliación. Se compran toneles de roble de los que nacerá la solera madre de nuestro actual fondillón, y se instala una pequeña planta embotelladora y un equipo de tratamiento de ultrarefrigeración, que permiten a finales de 1978 lanzar al mercado nuestros primeros vinos embotellados.

Las actuales instalaciones de elaboración, totalmente de acero inoxidable, nos garantizan un control de calidad más exhaustivo. Disponemos de la capacidad frigorífica necesaria para controlar las temperaturas de fermentación y conservación. En tintos, las maceraciones se ajustan tanto en su duración como en la frecuencia y aireación de los remontados al tipo de vino que queremos elaborar en cada momento. Producimos nuestro propio hielo seco para controlar la temperatura en todo momento. Hoy en día contamos con la más avanzada tecnología, lo que nos permite dominar nuestras elaboraciones.

Pero es en la década de los noventa cuando la bodega apuesta definitivamente por la calidad, creando el departamento técnico con José Francisco Torró y Juan Huerta como enólogo y acometer un vasto plan de inversiones a desarrollar en varias fases.

Apostamos por el embotellado y por el producto de calidad con origen Villena.

Nuestras actuales instalaciones cuentan, aparte de los elementos indispensables en una bodega: tolvas, báscula, prensas, o depósitos. Con una cava de barricas donde se crían los vinos donde actualmente descansan unos cuatrocientos toneles.

Aportamos crecimiento a la economía productiva, tan importante en tiempos difíciles y transformamos las materias primas en productos de prestigio. Y no sólo eso, gracias al agricultor, al pequeño, a nuestro socio, se conserva un paisaje, el parcelamiento y un modo de cultivo tradicional que, sin duda, forma parte de la iconografía mediterránea.







 
 

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